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Metodología

Actividades del plan lector MACMILLAN

Para conseguir un lector activo las tareas tienen que resultar motivadoras y, para ello, deben ser presentadas de forma interesante, con sentido, conectadas con las motivaciones de los alumnos.

Actividades a partir de cada libro

Con el fin de realizar una verdadera acción de fomento de la lectura todos los libros tienen una ficha de lectura donde se le propone al docente una serie de actividades para poder introducirlo y trabajarlo con el grupo de alumnos. Estas actividades son variadas: lúdicas, plásticas, en pequeño o gran grupo… Dichas fichas también contienen actividades fotocopiables que ayudan a la comprensión de la lectura realizada. En ningún momento se pretende un mero trabajo de relleno sobre un libro determinado sin dotar de una herramienta de trabajo que facilite al docente su labor.

Actividades complementarias

El plan lector del centro debe contener las propuestas y actividades que van a realizarse en paralelo a las lecturas de los libros seleccionados durante todo el curso escolar. A continuación proponemos algunas de estas actividades tipo que pueden ser adaptadas a cualquiera de las lecturas elegidas.

En el aula

  • No debemos olvidar que los libros, además de ser leídos, pueden ser contados. El docente puede contar parte de un libro e invitar a los alumnos a que prosigan ellos con la lectura. Con los niños de menor edad estas actividades se verán apoyadas por imágenes. Los libros Macmillan tienen imágenes de gran calidad que van a propiciar este tipo de actividad.
  • Debemos cuidar la presentación de los libros a nuestros alumnos. Leer un libro no puede convertirse en parte de los deberes que se mandan a los alumnos a sus casas. Es necesario reconvertir esta actividad y para ello debemos empezar por cuidar y preparar las actividades de motivación. Estas son algunas propuestas para la presentación:
  • Vamos a predecir… Si tenemos apoyo visual, lo mostraremos y propondremos una lluvia de ideas para que inventen el título, intenten descubrir cuál puede ser la historia, o incluso, si alguien la conoce, cuente algo. Podemos realizar un dibujo o una propuesta del tema que se va a tratar que luego compararemos con otro u otra que se haga después de la lectura.
  • Otra actividad posible antes de la lectura es el personaje misterioso. Si es conocido por nuestros alumnos nos servirá de hilo introductor y recordaremos otros cuentos en los que aparecía. Por ejemplo Rita, Pepe o la gallina Cloti. Si no es conocido, lo podemos presentar poco a poco haciendo aparecer objetos del personaje, su contorno o dibujo, e intentaremos averiguar quién puede ser y cómo se llamará.
  • Otra actividad puede ser localizar el libro o averiguar el título a través de un mapa o juego de pistas.
  • Durante la lectura también se han de programar acciones para motivar que los alumnos sigan leyendo y guiarles durante el proceso.
  • En el segundo ciclo de Educación infantil y primer ciclo de primaria, cuando contamos o leemos el libro podemos hacer partícipes a los niños y niñas dejándoles que sean ellos quienes digan los elementos repetitivos del relato, las onomatopeyas o ruidos de fondo, los nombres de los personajes… En segundas y terceras lecturas podemos introducir errores evidentes en el relato para que sea el grupo quien los corrija.
  • Cuando los libros son más extensos las lecturas se realizan en varios días. Si proponemos una lectura común o cada día se propone leer unos capítulos del libro, cada vez que se reanude la lectura un alumno recordará al grupo lo acontecido en los capítulos anteriores.
  • Otros grupo de actividades pueden ir dirigidas a la creación literaria. El propio libro puede ser un estímulo para la invención de otro, mezclando varias historias, eliminando o variando algunas situaciones. Gianni Rodari propone una serie de técnicas para inventar cuentos y para desarrollar la expresión lingüística como:
  • El binomio fantástico: enlazar dos palabras inventando una historia con ellas. Por ejemplo: gallina– detective.
  • ¿Qué pasaría si...?: se plantean interrogantes sobre situaciones inverosímiles. Por ejemplo ¿qué pasaría si un día te convirtieran en perro?
  • El error fantástico: dar una serie de palabras que evocan un libro conocido por los alumnos, pero junto a una que rompa la serie. Por ejemplo con el primer libro de Pepe en Inglaterra, las palabras que podemos ofrecer son: Pepe, Inglaterra, Lia, Jock y Rita.
  • ¿Y después? Una vez finalizado el cuento se les pregunta a los niños ¿y después qué paso? Cada uno puede continuar la historia individualmente o buscar otro final con todo el grupo.
  • La ensalada de fábulas, que consiste en inventar un relato en el que intervengan personajes distintos de libros conocidos por los niños. Por ejemplo: Pepe, Rita, Cloti…
  • Uso de bibliotecas.

  • Elaboración del carné de biblioteca y del registro de libros leídos. Cada alumno puede llevar un registro de los libros leídos (no solo los del plan lector). Este registro lo podrá llevar a cabo mediante un cuadernillo formado por fichas donde indique la fecha, el título y el autor, además de un resumen o dibujo del libro. Se trata de poner apartados adaptados a cada edad donde los niños reflejen si han comprendido o no lo leído: quién es el protagonista, dónde y cuando ocurre la historia… Al final del curso se puede premiar a los más lectores.
  • Formación de usuarios: los alumnos más mayores pueden autorizar a los más pequeños, enseñándoles las normas de funcionamiento y préstamo.
  • Celebraciones en fechas señaladas: día del libro, día escolar de la paz, semana cultural del centro…
    Para que estas celebraciones no carezcan de sentido deben ser programadas con antelación y estar integradas en nuestra programación de aula. Sugerimos algunas ideas para su puesta en marcha:
    Seleccionar libros que estén relacionados con un tema común para todo el centro. Cada grupo o clase realizará actividades que puedan ser expuestas o mostradas al resto de los compañeros. Exposición de dibujos, relatos inventados acerca de un libro, dramatizaciones…

  • Invitar a un autor, ilustrador o animador.
  • Realizar talleres de expresión plástica acerca del libro (elaborar juegos, marcapáginas, collages, reutilizar materiales, confeccionar, elaboración de disfraces y elementos para representar la historia…).
  • Desarrollar actividades internivelares. En cada ciclo se realizan grupos que tengan varios alumnos de cada clase, de tal forma que si hay seis clases de una media de 25 alumnos se creen seis grupos con alumnos mezclados de los distintos niveles. Se organizan actividades alrededor de un libro que hayan leído todos los alumnos.
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    El uso de bibliotecas.

     La biblioteca es un recurso imprescindible para llevar a cabo de una forma adecuada la labor educativa.

  • La biblioteca de centro debe contar con recursos variados y dirigidos a todas las edades de los alumnos del centro. Este espacio puede acoger las actividades de encuentros con profesionales.
  • La biblioteca de aula se compone de libros que están dirigidos a una misma edad; responde a unas necesidades, características e intereses muy similares. Es en esta biblioteca donde se recogen los libros que componen nuestro plan lector. De este modo nuestros alumnos pueden tener mayor acceso a los libros que van a ser objeto de su lectura.
  • Tanto una como otra nos proporcionan múltiples ocasiones para favorecer el acceso a la literatura infantil.  En ambas debemos tener en cuenta una serie de consideraciones:
  • El espacio será tranquilo y cómodo, alejado de zonas ruidosas y zonas de paso, con una buena iluminación.
  • Entre el mobiliario dispondremos de expositores que faciliten el acceso a los libros. Para los más pequeños podemos contar con un espacio con alfombra y cojines.
  • Es necesario programar un tiempo para acudir a la biblioteca y que no sea una actividad de relleno a la que solo se vaya cuando “sobra” tiempo.
  • Dentro de nuestro plan lector es necesario diseñar actividades para la formación de usuarios de bibliotecas. Estas actividades pueden ser internivelares, y en ellas los alumnos mayores pueden enseñar a los más pequeños.
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    Tecnologías de la información y comunicación

    En este apartado atendemos un doble enfoque:

  • La formación de lectores que pertenecen a la sociedad de la información y el consumo.
  • Y el uso de las tecnologías en las actividades lectoras.
  • El primer punto hace referencia a que la lectura no se limita necesariamente al código verbal. Vivimos rodeados por una multiplicidad de medios y lenguajes: el cine, la televisión y los anuncios publicitarios forman parte de nuestra cultura. El contacto de nuestros alumnos con los medios de comunicación suele ser una relación de consumo en la que no están preparados para adoptar una postura crítica.
    Formar lectores supone integrar todo tipo de lenguajes en el programa de fomento a la lectura y preparar a nuestros alumnos para acceder, de un modo crítico, a la oferta de lectura que ofrecen las nuevas modalidades audiovisuales.
    La calidad de las ilustraciones de la literatura Macmillan nos permitirá trabajar y profundizar en la lectura de imágenes, facilitando así la interpretación de la multitud de mensajes que se reciben en nuestra sociedad a través de las tecnologías de la información y la comunicación.
    En el segundo punto queremos evidenciar que son muchas las ocasiones en la que tanto los docentes como las familias enfrentan la lectura audiovisual contra lo que creemos “auténtica lectura”.  Esta contraposición mantiene el prejuicio que considera el libro como un elemento puramente educativo y propio del entorno escolar, eliminándolo así como forma de ocio.
    Las tecnologías han de utilizarse en las actividades lectoras como un medio y como una herramienta de trabajo y profundización (no como una actividad de relleno). Nos permitirán utilizar lenguajes visuales y realizar una aproximación a la lectura más atractiva y significativa.
    A continuación exponemos algunas sugerencias sobre cómo se pueden utilizar estos medios en el plan lector:
    El ordenador nos ofrece entre otras posibilidades la utilización de programas de distribución libre, como Clic o Jclic que nos permiten realizar actividades adaptadas a cualquier edad donde se profundice la comprensión de los libros. Son de fácil elaboración y permiten realizar múltiples actividades como: ordenación de secuencias temporales, identificación del personaje principal, comprensión de enunciados (escuchados o leídos) a través del verdadero o falso, relación de personajes con elementos o espacios…
    El proyector de opacos o transparencias nos permite hacer lecturas comunes de las ilustraciones que componen las obras seleccionadas. De esa manera podemos recrearnos en el detalle. Además, es muy motivador a la hora de realizar actividades plásticas como por ejemplo la proyección de una imagen sobre un mural para que los alumnos enriquezcan la ilustración con materiales reutilizables.
    Con la grabadora de sonidos o radiocasete, nuestros alumnos se pueden grabar realizando una síntesis, crítica o recomendación del libro. Con esta actividad ellos mismos se pueden escuchar y mejorar notablemente su expresión oral.
    La cámara de video nos permitirá que, en las actividades como dramatizaciones o recreaciones de los libros, nuestros alumnos sean  protagonistas y también espectadores de la actividad. Con esta herramienta podrán observar el trabajo que han realizado.

     

    Encuentro con profesionales.

     La editorial MacMillan ofrece la posibilidad de contar con profesionales como autores, ilustradores o animadores para complementar la labor educativa del docente.
    Estos encuentros enriquecen en gran manera su labor. El hecho de establecer un contacto personal con un autor o un ilustrador tiene un atractivo importante, al que no somos ajenos los adultos. Es una persona especial, con una profesión que tiene algo de mágico. La atracción y la curiosidad por conocer qué se esconde detrás de estos personajes impacta siempre.
    Los encuentros de los alumnos con autores e ilustradores de literatura infantil y juvenil se pueden proyectar desde la biblioteca escolar. De esa forma propiciaremos la utilización de este espacio y lo daremos a conocer aún más.
    En estos encuentros se busca crear un pequeño debate sobre la lectura, favoreciendo el intercambio de experiencias entre el profesional y los lectores. Esta actividad ayuda a los alumnos a interesarse por el acto de escribir o ilustrar y les invita a descubrir sus posibilidades creativas.
    Para alcanzar un resultado positivo, tanto el docente como los alumnos deben hacer una lectura de la obra del autor que va a visitarles, e incluso se puede buscar información sobre él (otras obras realizadas, algo de su bibliografía…).  
    La preparación previa de la lectura de los libros y una reflexión en clase ayudarán a los alumnos a profundizar en sus preguntas y el encuentro resultará más enriquecedor para todos. Pero no se debe dirigir excesivamente a los alumnos. Muchas veces, los adultos que organizamos estas charlas nos preocupamos por la cantidad de preguntas obvias que hacen a los profesionales. No olvidemos que se trata de satisfacer la curiosidad de nuestros alumnos y que estos encuentros deben tener sentido para ellos.

     

    Participación de las familias

    Las posturas que adoptan los padres con respecto a las actividades lectoras repercuten directamente en el éxito de nuestro plan lector. Debemos plantearnos y realizar una reflexión acerca de las medidas que podemos adoptar para que los padres, de una forma u otra, se involucren en las actividades propuestas y para que además sus hijos (nuestros alumnos) perciban esa implicación.
    Parece obvio señalar que los adultos somos modelos de conducta de los niños y niñas que nos rodean, pero es algo que en ocasiones se olvida. Si queremos que sean lectores activos, es necesario que les rodeemos de un ambiente propicio a la lectura y que a su alrededor haya adultos lectores. No se trata de que sus familias se pongan a leer libros y más libros. Lo que pretendemos es que los alumnos perciban que leer es otra forma de ocio y disfrute, y que sus padres así se lo transmitan, dando cabida a esta actividad dentro de su vida cotidiana.
    En cuanto a la participación de los padres en estas actividades (y en el entorno escolar en general) se evidencian varias posturas: padres que participan en todo aquello que se les propone y padres que, por otras razones (laborales, desmotivación o incredulidad ante la actividad…), no participan.
    Para propiciar la participación de aquellas familias que no lo hacen, el maestro puede adoptar varias medidas:

  • Proponer y organizar actividades que no requieran la presencia física de las familia.
  • Diseñar y llevar a cabo reuniones colectivas donde se informe de las actividades, los objetivos y la importancia del plan lector.
  • La comunicación entre el  docente y la familia es esencial para que exista una coherencia y continuidad entre lo que fomentamos en el centro escolar y lo que se hace en el ámbito familiar. Informando a los padres marcaremos un objetivo común  y ambos sabremos qué pretendemos. Si nuestras pautas son comunes y evitamos contradicciones entre un entorno y otro, los alumnos se sentirán más motivados y adoptarán con mayor facilidad los hábitos lectores que queremos.
    A continuación sugerimos propuestas de participación de las familias:

    • Elaboración de documentos donde se oriente a los padres sobre cómo pueden trabajar los objetivos del plan lector en sus casas: contar o leer diariamente cuentos o historias, no utilizar el libro como un castigo, crear espacios donde puedan leer cómodamente,  acudir con sus hijos a bibliotecas y actos como presentaciones de libros, guiñoles…
    • Al principio del curso se puede elaborar un documento donde los padres se comprometan a seguir unas normas de uso y mantenimiento de los libros que los alumnos se llevan prestados.
    • Creación de un libro viajero individual de cada alumno donde se recojan los libros leídos en casa. A cada libro se le dedica una página donde se recoge la fecha, cuándo lo ha leído, si lo ha leído con alguien, si le ha gustado, podrá realizar un dibujo o resumen… (Esta actividad variará en función de la edad).
    • Se pueden organizar actividades donde las familias participen directamente en el aula. Por ejemplo, familiares que vengan a contar una historia, leer un cuento o introducir un clásico que leyeron cuando eran niños.